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La amiga Saravá cuenta una historia que me ha recordado algo que me pasó a mi hace un tiempo.
Habíamos quedado con mi media naranja en una cafetería muy conocida en el centro de la ciudad. No quiero hacerle publicidad. Digamos en la calle Trotsky esquina con Topo Gigio.
Yo llego un poquito antes, como es habitual y me pido una caña. El camarero me pone también un platito de aceitunas. Todavía no he cenado. Me trago la birra a la velocidad de la luz y pido otra para acompañar las aceitunas. Pin pan. Que rica. Otra. En ese momento caigo en la cuenta de que me cambié el pantalón y que no llevo dinero encima. No pasa nada. Cuando venga la niña que pague ella. ¿No querían igualdad? Pues toma. Paga tu. El camarero me mira. Mi vaso está vacío. Para disimular pido otra. Me pone otro platito con boquerones. Muy buenos. Que sed. Otra, please... La niña se retrasa. Quince minutos... media hora... Empiezo a preocuparme. El camarero no me quita los ojos de encima, está limpiando el mismo vaso hace diez minutos, justo enfrente mio. ¿Cuantas me he tomado? ¿Cinco? ¿Seis? Para disimular miro la tele sin voz con cara de que me interesa mucho. Es uno de esos debates. No cuela.
- ¿Algo más, caballero?
- Ponme otra... y unas albondiguitas - ¿Por que habré dicho eso? Me juego el todo por el todo.
Pero ella sigue sin aparecer. Esto está pasando de castaño oscuro. Me zampo las albondigas. La llamo al móvil. No lo coge. Estará aparcando. Diez minutos más. Mi copa está vacía, hay gente esperando para sentarse en mi lugar.
- ¿Le falta algo señor?
-Póngame un cortado. Gracias.
Quince minutos más. Los quince minutos más largos de mi vida. Plano de mis ojos. Contraplano del camarero. Plano del azulejo que dice aquí no se fía. Plano de la garrota colgada al lado del cartel. Gota de sudor. Plano detalle del segundero del reloj de cocacola que se mueve en camara lenta... tIc... taaaaaaaaaac. Ella no llega. ¿La habrán secuestrado? ¿Me habrá abandonado?
De pronto recibo un mensaje:
"IMPOSIBL LLGAR. NS BMOS MÑNA"
En fin. Llamo al camarero:
- Por favor... - se acerca - Resulta que bsss bssssss nobsbsbs shssbs...
- ¿Perdón?
- No lo va a creer, pero... no llevo... dinero...
- No me haga esto, caballero... Es mi primer día... Y el dueño tiene un genio...- El pobre estaba más asustado que yo.
- Es... que... - Intento balbucear...
El menda se va a buscar al dueño. Y yo desaparezco como el coche de regreso al futuro, dejando una estela de fuego que se desvanece un poco antes de la puerta de salida.
Ahora, cuando voy por Trotsky y me acerco a Topo Gigio tengo que dar un rodeo de dos manzanas.

Contenido de realidad: 100%. Lo juro.

Andegüinereeeeeeeeesssssss...

Andegüinereeeeeeeeesssssss...

... Y el ganador del concurso de ayer es...

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(silencio espectante)

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ni más ni menos...

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(redobles de tambores)

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... que...

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(trompetas)

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¡¡¡¡MONICA!!!!
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(APLAUSOS)
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¡¡¡¡¡¡¡FLIPANTE!!!!!!! ¿Como los has sabido? Casi desde el principio además.
O eres muy lista. O viajas mucho. O tienes espías por toda España. O eres medio meiga.

Puedes pasar a recoger tu premio por el bar “Lanús” Calle General Lazy, a 200 metros de la estación de Atocha (Madrid, Spain). Cualquier día después de las 21 hs. La contraseña es... VENGO DE PARTE DE NADIE. Yo estaré por allí, omnipresente.

Gran Concurso: NADIE HA ESTADO ALLI

Gran Concurso: NADIE HA ESTADO ALLI

Si adivinas en que parte del territorio español nadie ha estado haciendo de las suyas
podrás ganar UN SUELDO PARA TODA LA VIDA (pagado en especias, osea copas)*

Y recuerda:
LA CALLE ES DE TODOS ¡PINTA TU PARTE!

*Promoción válida en Península y Baleares, bases depositadas ante notario.

Esta historia me la contó mi amigo Sandokán. Dice que a él se la contó un pajarito. Ya sabeis que Sandokán habla con cualquiera.

Iba un pájaro volando por la orilla del mar, buscando algo para comer. Cuando de pronto vió un pez dando sus últimos coletazos en un pequeño charco, en la playa. Como tampoco tenía tanta hambre decidió esperar a que dejara de respirar para comérselo. Y estaba así, esperando, cuando escuchó una vocecita que le llamaba:
- Pajarito, pajarito. Hazme un favor...
Asombrado y por que no decirlo un poco desconfiado el pájaro se acercó al pez que le llamaba.
- Estoy a punto de morir y necesito saber... Dime pajarito... sabes... que es... el agua?
No podía creer lo que estaba oyendo. Sospechó durante un instante que tal vez se había quedado dormido o quizás algo que había comido le estaba produciendo alucinaciones, pero el pez insistió:
-¿Que... es... el... agua?
Entonces el pájaro dijo...
-Amigo pez, has nacido en el agua, toda tu vida has vivido en el agua, alrededor de tu cuerpo hay agua y también dentro de tu cuerpo, te alimentas de lo que en el agua encuentras y en el agua te reproduces...
¡Y tu, me preguntas qué es el agua!
-Perdona mi ignorancia, pero si sabes la respuesta, dímela por favor...
El pájaro meditó un instante y por fín dijo:
- No. No sé.

De como perdí mi último curro

De como perdí mi último curro

Era una reunión muuuuuuuuy importante. De esas donde se juegan contratos de varios millones de dólares. Estaba presente toda la gama de trajes grises y azules marino y rostros alicatados y exfoliados hasta el techo. Y yo dando la nota, como de costumbre.
Empecé a sentirme mal. Necesitaba salir de allí. Me levanté, pedí disculpas. Todos en la sala me miraron con irritación y desconfianza.
- ¿Todavía no ha empezado la reunión y ya quiere ir al baño? - pensaron todos.
- La próxima vez te vienes cagadito de tu casa, mamón...- me transmitió mi jefe telepáticamente.
- ¡Ejemm! No hay problema. Puede Ud. pasar a mi aseo personal. - sentenció el supermegadoblecapototal de aquel tinglado.
Entré en la salita aquella toda pintadita a rayas verticales color champán y caqui. Era el Exclusivo Cagadero del Puto Amo Del Cotarro. Descripción: Unos 30 metros cuadrados diáfanos, suelo rústico muy muy pulido, una especie de fuentecita para lavarse las manos, pequeños jaboncitos que olían a coco en un cuenco, otro cuenco con piedrecitas de canto rodado (¿para que?...no sé), un bonsai retorcido a cada lado del jabón, un cuadrito con un paisaje de Jean Fouquet justo enfrente del espejo, dos lamparitas con tulipas beige, mas allá otra puertecita escondía el retrete... olor a lavanda, todo en su sitio, ni una mota de polvo... todo muy mono... minimalista... casi zen... relajante...
Pero yo no podía quitarme aquel mal sabor de boca. Sabor a... cloaca. Tomé un vaso de agua y me metí en la boca todo el paquete entero de chicles de menta. Fué peor.
De pronto lo sentí. Me estaba licuando por dentro. Abrí la tapa del inodoro en 0,7 segundos y sin llegar casi a bajarme los pantalones me di vuelta como un guante.
Ninguna palabra en español puede definir exactamente aquello. ¿Diarrea? No. Tifón, Hecatombe, Tsunami o Fin del Mundo sería más apropiado. Llené el inodoro pero no podía parar. Inundé todo el baño, hasta una altura aproximada de 5 centímetros. O más. Ya no se veía el zócalo de piedra pulida.
Hasta que, un rato después, con el culo semi sentado haciendo equilibrio sobre mis manos y con los pies en el aire, sentí que el temporal empezaba a amainar.
La paz después de la tormenta.
En puntas de pié tiré de la cadena 6 o 7 veces y gasté todo el rollo de papel higiénico intentando limpiar aquello. Hice lo que pude.
Luego abrí una ventanita pequeña que daba a la calle y volví a la sala de juntas como si nada.
Al pasar por al lado de mi jefe le susurré al oido:
- No perdamos tiempo. Hemos perdido este cliente.

Buscando los papeles para la declaración de la renta, ayer encontré la caja vieja del Scalectrix. El circuito de Le Mans. Estaba casi completo, con su doble curva, su chicana, su puentecito, su contador de vueltas... Hasta encontré el Porsche 930 negro, con el 69 pintado en el techo...
Tardé en armarlo 2 minutos, cuando terminé tenía 7 años.

En aquel entonces viviamos con mi mujer y nuestro primer hijo en el campo, cerca de un pueblo pequeño. No teniamos mas que lo necesario, dos gallinas que nos daban huevos y cuatro metros de tierra donde cultivávamos tomates.
Un día encontramos un caballo herido, lo curamos y quiso quedarse con nosotros.
Los pocos vecinos que pasaban por allí decían:
-¡Que buena suerte! ¡Encontrar un caballo!
De esta forma yo podía acercarme al pueblo, donde comencé a hacer algunos trabajitos ayudando a un albañil. Así además de huevos y tomates empezamos a comer algo de carne y también a beber leche de vez en cuando.
Hasta que una mañana el animal ya no estaba. Se había escapado.
Los vecinos dijeron:
-¡Que mala suerte! ¡Ahora que te empezaban a ir bien las cosas...!
Pero al poco tiempo, al salir de casa volvimos a ver al caballo, y esta vez no estaba solo. Se había traido a otro con él.
Vinieron a verlo los vecinos y dijeron:
-¡Que buena suerte la vuestra! ¡No sólo habeis recuperado el caballo, si no que ahora teneis dos!
Al disponer de dos animales, empecé a salir a dar paseos con mi hijo. Pero he aquí que un día él se cayó del caballo y se rompió una pierna.
Y los vecinos dijeron:
-¡Realmente tienes mala suerte! ¡Si no hubieses encontrado el segundo caballo, tu hijo estaría bien!
Pero pasaron un par de semanas y eltalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos mi hijo, que no podía moverse.
Y los vecinos dijeron:
-¡Realmente tienes muy buena suerte! ¡Tu hijo se ha librado de la guerra!
...
Y así podría seguir hasta el día de hoy. Pero sería muy aburrido.

...soy Jekill y Hyde y Abbot y Costello y Batman y el Pingüino y Tom y Jerry y Starsky y Hutch y papá y mamá y el sol y la sombra y la sopa y la cuchara y la paz y la batalla y el rey sin corona y la pistola de agua y el interés y la comisión y el Viagra y el Prozak y la jarra y la pipa y el poli bueno y el poli malo y el ladrón de bicicletas y el campeón y el sparring y el pecado y la penitencia y la mentira y la otra mentira y el virus y la vacuna y el gato y el ratón y el ciervo y la trucha y el principito y el zorro y la serpiente y el elefante y Don Panza y San Quijote y...

...soy yos...

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Este fin de semana fuimos toda la familia a visitar a Mortadelo. Le llevamos una camiseta que ponía: MAD 2 THE BONES. La psiquiatra había dicho que no le parecía buena idea, pero a él le gustó. Por suerte no ha perdido el sentido del humor.
Conocimos a un colega suyo, Sandokán (por supuesto que no es su verdadero nombre). No parecía peligroso, le faltaba la mano izquierda, tenía la típica mirada perdida propia de la medicación y llevaba una ratita gris en el bolsillo de la camisa.
Mortadelo nos contó su historia.
Sandokán nunca fue violento. Vagaba el día entero por los jardines del Frenopático, hablando con todos. Incluidos los animales y las plantas. Una tarde vio a un gato arrinconando a una rata y le dijo:
- ¿Que haces? ¡Déjala en paz!
- La rata es mía. No te entrometas. - Le dijo el gato.
- No es tuya. No te pertenece.
- Es mi alimento.
- ¿No ves que está asustada? - Dijo Sandokán, recogiendo a la rata con sus manos.
- Yo me alimento de ratas y ratones. Es el orden inmutable de las cosas.
- ¿Que orden es ése?
- Tengo hambre y debo comer.
- No me gusta tu orden. La rata ha querido que la proteja y no la abandonaré.
- Desde que existen los gatos y las ratas siempre ha sido así. Desde el comienzo de los tiempos esta rata ha sido destinada para ser mi alimento hoy. No puedes ir contra el destino.
- El destino me besa el culo - Dijo Sandokán ya perdiendo la paciencia - A partir de ahora mi voluntad es más fuerte que la historia, la lógica y el destino.
Entonces el gato suplicó:
- Por favor. Si no lo como moriré... Y tengo hijos que alimentar. Soy el único sostén de mi familia... Tu justicia es una justicia cruel y falsa que siega vidas.
- Tienes razón, amigo gato, pero tu puedes comer otra cosa. Caza pájaros o come gusanos o frutas.
- Los gatos no comemos vegetales y los pájaros son demasiado rápidos para un gato viejo como yo. Moriré de hambre.
- Te daré lo que quieras. Conseguiré alimento para ti.
Y entonces el gato, sabiéndose dominador de la situación dijo:
Sólo aceptaré una cosa. Si realmente amas a esa rata... sacrifícate. Corta un trozo de tu propia carne, que pese lo mismo que ese animal y dámelo.
Y Sandokán no se lo pensó dos veces. Fue a la cocina cogió un cuchillo muy afilado y antes de que los enfermeros pudieran detenerlo se cortó la mano izquierda.
En cirugía pudieron detener la hemorragia y poco a poco todo volvió a la normalidad.
Pero nadie encontró la mano. Ni al gato.

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Mi amiga Campanilla estaba anoche navegando por Internet y se le cayó un poco de ceniza encima del teclado (porque estaba fumando, la muy depravada). Entonces intentó limpiarlo con la manga y al frotar... fush, fush... apretó sin querer una tecla y... ¡flash!... apareció un genio en la pantalla que le dijo:
- ¡Enhorabuena! ¡Es usted el usuario número 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de Google! Nuestra empresa le concede 3 deseos.
- ¿Lo que sea? - Dijo ella desconfiada - ¿Puedo pedir lo que sea?
- Absolutamente. Lo-que-usted-quiera.
- Pues quiero... - Pensativa - ... Ser la más lista del mundo mundial. ¡Quiero saberlo TODO!
- ¡FLASH! Concedido - Dijo el genio sin dudarlo ni una fracción de segundo.
Y de pronto, mi amiga lo comprendió TODO.
De donde venimos, a donde vamos. El mapa genético humano y porqué es tan parecido al de un gusano. Entendió porque la gente se mata y porqué ha subido tanto el tomate. Comprendió la Teoría de la Física Cuántica y descubrió el porqué de esos pequeños desajustes en el cálculo teórico de la órbita de Mercurio. Supo porqué los hombres y las mujeres somos tan diferentes. Descubrió la fórmula de una medicina de bajo coste para curar el sida y el cáncer y también entendió el último anuncio de coca cola. Supo el nombre de todas las capitales de todos los países del mundo y de cada pueblo abandonado...
Entonces el genio dijo:
- Aún tiene otros 2 deseos...
Pero ella ya no escuchaba.

Mi amiga Campanilla preocupada por ciertos rumores que llegaron a sus oídos, decidió consultar a un adivino. Le preguntó que si tenía cara de idiota y que por qué todo el mundo la quería engañar.
El vidente le contestó que no era así. Que se quedara tranquila.
Y sólo le cobró 100 euros. Por cada mano. Más la bendición.

Cuando me fui de casa estuve un tiempo vagando por ahí. Buscando el sitio perfecto para echar raíces o para echar lo que sea. Gloriosos tiempos de números rojos y payasos sin fronteras. Pero no todo fue diversión en el mundo perfecto, también hubo fantasmas en el paraíso.
Cuando estás en un país extranjero, no tienes papeles y además no hablas el idioma que hablan los demás, tienes algunos problemillas para buscar trabajo. Si además odias los guetos y las pequeñas mafias lo llevas claro. Las opciones que puedes encontrar suelen reducirse a servir hamburguesas (aunque hace falta hablar un poco), limpiar la mierda de la gente o acarrear cosas pesadas en el maravilloso mundo de la construcción.
Por eso, aquella vez, cuando me dieron el disfraz de Mickey Mouese me dije: ¡No está tan mal!
El curro consistía en sacarse fotos con TODOS los niños que entraban al parque y a la salida intentar colocárselas a los padres. ¡Funcionaba en un 90% de los casos!
El resto de las fotos todavía las guardo. Estuve trabajando allí todo un verano. Tendré unas 5000 fotos. El ratón Mickey con una niña con trenzas rubias, con dos gemelos, con otra niña rubia, con una familia completa, con un pelirrojo y su perro, con dos japonesas, con un negro, con un holligan con la camiseta del Arsenal...
Muchos niños sonreían, algunos lloraban, otros miraban para otro lado. Pero el ratón Mickey siempre reía. Por fuera. Porque por dentro estaba yo haciendo morisquetas, sacando la lengua o simplemente bostezando. Han pasado muchos años y no puedo quitarme esa imagen de mi mente.
Y cuando miro otras fotos de momentos felices, cumpleaños, bodas, borracheras, despedidas de soltero, navidades... y veo sonreír a todos pienso... ¿Que cara tendrán detrás de la máscara?

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Esta mañana me quedé dormido en el tren.
Y cuando me desperté tenía 41 años.

amor sordo

amor sordo

Mi abuelo Ángel era un tipo de campo. Sencillo y trabajador. Todos los días se levantaba una hora antes que el sol y llevaba sus animales a un prado que tenía a un par de kilómetros de su casa, montaña arriba. Con sol, lluvia, viento, niebla, frío, barro o nieve. Eso sí que era caminar por el lado salvaje.
Conocía a mi abuela, Rosalía, desde que nació. Los pueblos en aquel entonces eran como islas, si nacías allí sabías que casi seguro allí morirías.
Entonces…se conocían de toda la vida y se gustaban. Después de muchos años, un día mi abuelo se armó de valor y mirando a mi abuela a los ojos, le dijo:
- Mujer. Sabes que te quiero. ¿Quieres casarte conmigo?
Pero mi pobre abuela, que estaba cargando un saco muy pesado, en ese momento se tiró un pedo. Alto y claro. Un señor pedo. Estruendoso como un terremoto. Y no sabemos si por la emoción del momento o por vergüenza, se puso más roja que el culo de un mandril.
- Perdona. No te he oído bien – Dijo mi abuelo.
Ella dudó si la abría oído, pero tímidamente dijo que sí, que ella también lo quería.
Y a partir de aquí empieza el verdadero milagro, porque mi abuelo realmente se había quedado sordo.
- ¡¡Que si quieeereeeees a Rosaliiiiia por espooooooooooosa, leeeeeeeches!!- Tuvo que repetir varias veces el cura.
Y así tuvieron cinco hijos y muchos nietos, uno de los cuales vengo a ser yo.
Pero mi abuelo seguía igual.
-¡Abueeeeeelooooooooo! ¡¡Que dice maaaamaaaaá queeee si nos baaajaaaaaas al paaaaaaaaaarqueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!
-¿Eh?
-Nada abuelo, déjelo.
Hasta que a la edad de 82 años, murió mi abuela.
Y milagrosamente, poco a poco, mi abuelo recuperó el oído.

A mi amigo Mortadelo (no se llama así, pero me ha pedido que no diga su verdadero nombre) lo han encerrado en un Hospital para Enfermos Mentales de Barcelona porque él dice que Dios le habla personalmente todos los días entre las tres y las tres y cuarto de la tarde, justo cuando terminan Los Simpsons. Los médicos le diagnosticaron: Trastorno obsesivo-compulsivo y Esquizofrenia con síntomas psicóticos.
Pero él insiste que no está loco. Dice que si estuviera loco Dios no perdería tiempo con él.

joe

joe

No se porque esta mañana me acordé de mi colega Joe. Hace unos tres años, o cuatro, que no se nada de él.
Joe creía que era punk. Vestía como un punk y tocaba el bajo en una banda de punk rock, pero yo siempre he pensado que mas que punk Joe era un hippie cabreado.
Lo que más me gustaba de él era su teoría de que a la gente no le importa una mierda lo que tu pienses. Por ejemplo, tu le decías:
-Joe. ¿Te gusta este disco que me he comprado?
-Está bien.
Siempre decía que todo estaba bien, salvo que le preguntaras TRES VECES.
-¿Está bien?
-Si.
-¿Seguro?
-No. Es una puta mierda.
Él nunca te daba su verdadera opinión si no le demostrabas que realmente te importaba.
Un día entró a trabajar como creativo en una agencia de publicidad. Por lo visto al principio iba todo bien.
Me imagino:
-Hey Joe. ¿Te gusta este logotipo?
-Si.
-¡Vale!
O también:
-Joe. ¿Has oído el jingle? ¿Está bien?
-Está guay.
-Perfecto.
Pero al poco tiempo descubrieron su truco y por lo visto el Director General lo llamó a su despacho y le preguntó si le gustaba su trabajo.
Debe habérselo preguntado tres veces porque al otro día le dieron el finiquito.
Alguien me ha dicho que ahora es jardinero, o algo así. Si es verdad, yo creo que salió ganando.

Si alguien sabe algo, agradecería cualquier información.

Uno nunca sabe donde puede cruzarse con una revelación.
Por ejemplo, en la puerta del sercicio de caballeros de un humilde tugurio del barrio de Malasaña (Madrid). Allí pude leer anoche, entre garabatos e insultos, la siguiente sentencia, escrita con letra temblorosa:

LA MAGNITUD DE LA DECEPCIÓN
ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL
AL TAMAÑO DE TUS ESPECTATIVAS.

Puede que el mensaje, en ese contexto, no tuviera muchas ambiciones filosóficas, pero a mí me hizo pensar, y me jodió la noche.

Debido al frenético ritmo de la vida moderna y tal vez también a la creciente relajación de las sanas costumbres de la familia tradicional, tengo que reconocer que en casa llevamos casi una semana sin fregar los cacharros de la cocina.
Esto no tiene nada de particular porque suele pasar y cuando no hay mas remedio, pues se friega y ya está, pero esta vez sucedió algo mas... Esta mañana, buscando la taza menos sucia para ponerme un café, metí la mano en el fregadero y encontré... ¡Hormigas!
Ya sé que no es para tanto encontrar hormigas en al basura, pero... ¡Yo vivo en el piso 16!
A 2,80 metros por piso, y suponiendo que esas hormigas viviesen al ras del piso y no mas abajo, ¡Cada uno de esos bichos había escalado 44 metros con 80 centímetros! Considerando que ninguna hormiga mide mas de 1 mm de altura, llegar hasta mi piso para ellas supuso... ¡20 veces mas esfuerzo que para un humano medio escalar el Everest!
Me imagino a las pobres hormiguitas despidiéndose en el hormiguero, pasando la primera noche tal vez en la cornisa del piso 5 o 6. Algunas muriendo de frío o de sed. Otras abandonando y volviendo atrás. ¿Y a quién se le habrá ocurrido la idea de subir? ¿A un especie de Cristobal Colon de las hormigas?
- Estoy seguro. La tierra tiene 3 dimensiones. ¡Debemos ir hacia arriba!
- ¡Estás loco! ¡Hacia arriba no hay nada! ¡Sólo pájaros gigantes que te devorarán vivo!
Y las que llegaron con vida a mi piso... ¿Se quedarán aquí a vivir creando una nueva colonia? ¿O intentarán volver al hormiguero original para convencer a las otras de que han encontrado la tierra prometida? Y si es así... ¿Me invadirán miles de millones de nuevas hormigas?
¿Que debo hacer? ¿Matarlas interfiriendo así tal vez el orden cósmico establecido? ¿O dejarlas vivir para no interrumpir el devenir lógico de esta raza?

Tal vez debería mudarme a un piso mas alto.

Como algunos de vosotros ya sabéis, yo de pequeño ayudaba a mi padre en la gasolinera donde trabajaba. Su turno empezaba a las 5 de la mañana y casi nunca salía hasta las 10 de la noche. La famosa jornada intensiva. Por eso cuando yo salía del colegio hacía los deberes en su escritorio mientras el dormía una especie de siesta en un cuartito secreto que teníamos. Era mi forma de ayudarle.
Tengo que decir que por la tarde en aquel barrio no se movía ni dios. Sólo se oía el cri-cri de alguna chicharra, el traqueteo apagado de un tren que pasaba a unos dos o tres kilómetros y alguna radio si era tarde de futbol.
Volviendo a mi padre, recuerdo que me llamaba mucho la atención el hecho de que cuando se tumbaba entrelazaba las manos sobre su barriga y se quedaba inconsciente en dos o tres segundos. Como cuando un mago hipnotiza a alguien: Un-dos-tres ¡Ya! Automático. Yo le pasaba la mano por delante de los ojos para cerciorarme. Profundamente dormido.¡Increíble!
Y luego estaba el tema de la posición. Dormía con las manos cruzadas sobre el pecho o la barriga y no movía ni un músculo hasta que se despertaba. Como Nosferatu. En aquel entonces Nosferatu era mi única referencia del mundo de los muertos.
Pero eso no era lo que yo quería contar.
Una tarde, buscando debajo del catre de mi padre, donde yo escondía las revistas guarras, encontré una caja vieja de zapatos. La abrí y vi una pistola y otra caja más pequeña con un puñado de balas. La pistola era negra metalizada, con la culata marrón. Las balas doradas rojizas como el primer sol de la mañana.
Era la primera vez que veía un arma en la realidad. Es decir, en la realidad fuera del televisor. Me imagino que habré abierto los ojos como dos platos. Después de comprobar que mi padre seguía muerto, o sea dormido, cogí la pistola. Tuve que usar las dos manos, nunca pensé que pesara tanto. Casi no podía sostenerla. Intenté apuntar a algo. Al calendario del taller mecánico con la rubia tetona, al calendario de la verdulería con la virgen María… Sudaba como un pollo y me temblaban los brazos y todo el cuerpo. Intenté apuntarme a mi mismo, como en Taxi driver, aunque yo todavía no la había visto.
Después volví a dejar todo en su sitio, busqué otro escondite para las revistas porno y seguí haciendo los deberes.

Otra historia real de mis más tierna infancia.
Tendría yo unos siete años, mas o menos. Estaba tomándome mi Nesquik helado con mi pan con manteca viendo la tele como todas las tardes después del cole cuando una paloma se posó en el marco de la ventana que daba al patio de casa. Sin hacerle mucho caso, porque estaba viendo un capítulo de La Familia Adams, me quité una zapatilla con la mano izquierda, se la tiré y... zas! ¡Le di!
Me quedé paralizado. Después de toda una vida persiguiendo palomas a toda velocidad en el parque sin llegar siquiera a rozarlas nunca, voy, le tiro una zapatilla sin mirar a una y... ¡Le doy! Me sentía un héroe, me sentía como si fuera el Coyote y por fin hubiera pillado al puto Correcaminos. ¡No podía creerlo!
Antes de que el pobre bicho reaccionara, mi madre me dio un cordón rojo de unos dos o tres metros, le até una patita y empecé lo que mi padre llamó "el proceso de domesticación". Al poco tiempo la pobre ya comía de mi mano y salíamos a dar pequeños paseos por el barrio, ella posada en mi hombro izquierdo, en plan piratilla de andar por casa. También llegué a hacerle un caminito con migas de pan dando toda la vuelta a mi habitación, y la pobrecita se lo hacía completo, dando saltitos y comiéndose todo el pan.
Era un verdadero éxito entre mis amigos. Llegamos a ponerle un nombre y todo: Panchita Fernandez Castro.
Un día decidí cortarle el cordón. El bicho sacudió la patita, voló un poquito, se subió al tejado y finalmente volvió a comer de mi mano. Esa noche dormí feliz.
Pero al otro día desapareció.