Descartes
Me pica un huevo.
Luego existo.
Me pica un huevo.
Luego existo.
tareas pendientes.
el cielo (raso).
a mis pies.
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El viejo sabio llamó a sus discípulos para decir sus últimas palabras porque sabia que iba a morir...
LA VIDA ES CORTA... - dijo - ... PERO ANCHA.
Y subrayó estas sabias palabras con un estruendoso pedo que olia a ajo y perejil.
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(dedicado con todo amor, respeto y admiración al Maestro.)
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Dicen que querer es poder,
pero yo no estoy tan seguro.
Porque yo no pinto lo que quiero,
pinto lo que puedo.
(tal vez sea
porque no sé lo que quiero)
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Su cabeza era una jaula de preocupaciones que querían volar.
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NADA.
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Hay días en que me imagino
a la raza humana en su totalidad
como a un hamster gigante
que se obstina en ganar
una absurda carrera contra si mismo.
Pero otros días pienso:
Joder, tal vez no tenga sentido,
pero por lo menos hacemos gimnasia.
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Después de toda una vida,
terminó el puzzle.
Que satisfacción.
Cuanta plenitud.
Todo encajaba perfectamente.
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Pero, espera...
¿Que es esto?
¿Como es posible
que sobre
una puta pieza?
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Si no lo entiendes es que tenías que haber estado allí.
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María se había quedado dormida frente al televisor encendido. Escuchó las llaves hurgando en la cerradura de la puerta de entrada y pensó:
- Es él. Que rápido se me ha pasado la tarde.
Pero su marido no entró. En vez de eso sonó el timbre. María se acercó, espió por la mirilla y vio a un hombre guapísimo que le saludaba y decía:
- Soy yo.
Abrió la puerta con curiosidad y el hombre entró como si la conociera de toda la vida. Al pasar delante de ella le dio un beso y dejó las llaves sobre el mueble del recibidor.
- ¿Has cambiado la cerradura? Mis llaves no funcionan...
- ¿Quién...?
- No importa. Mañana hago otra copia. Me voy a dar una ducha.
El extraño no esperó respuesta. Mientras se iba desnudando por el pasillo preguntó:
- ¿Te apetece cenar fuera?
María dudaba si sería una broma o si seguiría dormida cuando sonó el teléfono. Era su marido. Le dijo que llegaría tarde. Que no se enfadara. Que iba a ver el futbol con sus amigos.
- ¿Quién era? - preguntó el otro, saliendo del baño envuelto en el albornoz de su marido.
- Equivocado.
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Me gustaría, algún día, estar seguro de algo. O no. No sé.
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De mis dos órganos sexuales,
el que más satisfacciones
me ha dado,
sin lugar a dudas,
es el superior.
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(*) El título es un experimento para comprobar cuantos incautos caen al buscar esto en google.
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Abrió los ojos. Se lavó la cara. Despertó a su hijo. Puso el café al fuego. Se duchó. Se vistió. Se tomó el café. Salió de su casa. Caminó un par de calles. Subió al tren. Leyó dos páginas de un libro interminable. Se bajó del tren. Caminó 10 minutos. Entró en su oficina. Se tomó otro café. Ordenó papeles. Miró su correo electrónico. Hizo llamadas urgentes y menos urgentes. Hizo una pausa. Llamó a su madre. Volvió a trabajar. Más llamadas. Más pausas. Más llamadas. Hora de comer. Pidió el menú del día. Conversación trivial. Volvió a trabajar. Volvió a revisar su correo. Hizo más llamadas. Solucionó algunos problemas. Dejó otros pendientes. Volvió a caminar hasta el tren. Compró una revista. Llegó a casa. Saludó a su marido. A su hijo. Se quitó los zapatos. Se cambió el vestido por otro más cómodo. "¿Que tal el día?" "Bien. ¿Y tu?" "Bien". Empezó a preparar la cena. Encendió la radio. Cenaron todos juntos. Conversaron. Hicieron planes. Algún chiste. Mientras su marido recogía la mesa se tomó otro café. Vieron una película juntos. Su hijo se fue a la cama el primero. Después ellos. Se lavó los dientes. Se puso el pijama. Se acostó. Cerró los ojos.
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"Lo más triste -pensó - es no encontrar ningún motivo para estar tan triste."
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- Hola.
- Hola.
- ¿Eres nuevo aqui?
- No.
- Ah.
- ...
- Hola.
- Hola.
- ¿Eres nuevo aqui?
- No.
- Ah.
- ...
- Hola.
- Hola.
- ¿Eres...
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Creo que tener una memoria de 2 segundos debe ser lo más parecido a la felicidad eterna.
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Algunas fotos del viaje al Sahara.