c i e g o
Con mi medio cuñado Luis, que también es ciego (como yo) tenemos la costumbre, de vez en cuando, de dar largos paseos por el campo con los pies descalzos. Nos gusta escuchar los pequeños ruidos que forman el silencio, reconocer las piedras con las plantas de los pies, ir sintiendo como baja la temperatura, etc. Así se nos pasan las horas y algunas veces nos pilla la noche.
El otro día, muy tarde ya, volvíamos hacia el camino principal en plena oscuridad cuando oigo que mi amigo se retrasa y le pregunto:
- ¿Que haces?
- Enciendo la linterna.
- ¿Para que? ¿No ves lo suficiente? - Le dije en broma.
- No es para ver - Me contestó - Es para que me vean.