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La amiga Saravá cuenta una historia que me ha recordado algo que me pasó a mi hace un tiempo.
Habíamos quedado con mi media naranja en una cafetería muy conocida en el centro de la ciudad. No quiero hacerle publicidad. Digamos en la calle Trotsky esquina con Topo Gigio.
Yo llego un poquito antes, como es habitual y me pido una caña. El camarero me pone también un platito de aceitunas. Todavía no he cenado. Me trago la birra a la velocidad de la luz y pido otra para acompañar las aceitunas. Pin pan. Que rica. Otra. En ese momento caigo en la cuenta de que me cambié el pantalón y que no llevo dinero encima. No pasa nada. Cuando venga la niña que pague ella. ¿No querían igualdad? Pues toma. Paga tu. El camarero me mira. Mi vaso está vacío. Para disimular pido otra. Me pone otro platito con boquerones. Muy buenos. Que sed. Otra, please... La niña se retrasa. Quince minutos... media hora... Empiezo a preocuparme. El camarero no me quita los ojos de encima, está limpiando el mismo vaso hace diez minutos, justo enfrente mio. ¿Cuantas me he tomado? ¿Cinco? ¿Seis? Para disimular miro la tele sin voz con cara de que me interesa mucho. Es uno de esos debates. No cuela.
- ¿Algo más, caballero?
- Ponme otra... y unas albondiguitas - ¿Por que habré dicho eso? Me juego el todo por el todo.
Pero ella sigue sin aparecer. Esto está pasando de castaño oscuro. Me zampo las albondigas. La llamo al móvil. No lo coge. Estará aparcando. Diez minutos más. Mi copa está vacía, hay gente esperando para sentarse en mi lugar.
- ¿Le falta algo señor?
-Póngame un cortado. Gracias.
Quince minutos más. Los quince minutos más largos de mi vida. Plano de mis ojos. Contraplano del camarero. Plano del azulejo que dice aquí no se fía. Plano de la garrota colgada al lado del cartel. Gota de sudor. Plano detalle del segundero del reloj de cocacola que se mueve en camara lenta... tIc... taaaaaaaaaac. Ella no llega. ¿La habrán secuestrado? ¿Me habrá abandonado?
De pronto recibo un mensaje:
"IMPOSIBL LLGAR. NS BMOS MÑNA"
En fin. Llamo al camarero:
- Por favor... - se acerca - Resulta que bsss bssssss nobsbsbs shssbs...
- ¿Perdón?
- No lo va a creer, pero... no llevo... dinero...
- No me haga esto, caballero... Es mi primer día... Y el dueño tiene un genio...- El pobre estaba más asustado que yo.
- Es... que... - Intento balbucear...
El menda se va a buscar al dueño. Y yo desaparezco como el coche de regreso al futuro, dejando una estela de fuego que se desvanece un poco antes de la puerta de salida.
Ahora, cuando voy por Trotsky y me acerco a Topo Gigio tengo que dar un rodeo de dos manzanas.

Contenido de realidad: 100%. Lo juro.
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15 comentarios

Eride -

¿Ves? Es lo bueno de arrastrar bolso, que algo así no te puede pasar.

(Huy! Saravá, guapa, no te había visto, ¿has visto que buen día hace?)

Nepomuk -

Ay..me has traído recuerdos de mi infancia.

¿Me pone un perrito caliente? y luego fiummmmmmmmmmmmm...

Recuerda para la próxima: el buen escapista nunca explica su situación. Directamente come y fiummmmmmm....

Si...que solo fue esa vez. Ya...no sé. Tienes cara de repetirlo cualquier día ¿eh?

saravá -

Toma!!!! supera con creces mi candidez, amigooooo

carlos -

te digo una cosa:

nadie me ha "angustiao" como este relato tuyo el día de hoy.

yo he pasado por lo mismo, pero no lo llevaré a guión cinematográfico como tú.

me lo quedo.

*

Nuala -

Hasta que un día se le ocurrió como poder volver a pasar por aquella calle:

Esa tarde, Mónica, feliz ganadora de un concurso de graffitti se acercó al bar a recoger la copa prometida como premio.

- Hola, buenas, que vengo de parte de nadie.

- ¿Ah sí? Pues tú no te nos escapas. Son 60 euros, bonita.

Y Mónica paga el pufo de nadie porque sabe que arreglar la piñata le costará 10 veces más.

No contábamos con tu astucia. :D

Domenico -

Te pasa lo mismo que a mi. En el trabajo me llamo Domenica.

nadie -

Perdón, quise decir NADIE.
NADA es mi nombre en el trabajo.

nada -

Entonces habrás comprendido que no fué con mala intención. Que yo simplemente fui un juguete del destino.

Domenico -

Pero bueno, se que eres un buen chaval. Un día quedamos y me invitas unos vinos.

Domenico -

Ahora no me vengas con excusas que ya leí el relato.

nadie -

Eravate quello ragazzo, Domenico?
Que sepas que no fué nada personal, que me había dejado la leche en el fuego.

Domenico -

¡Macho! ¡Haber pasado a pagar! No veas la que me cayó. ¡¡De todas maneras me quedé con tu cara!!

nadie -

Las circunstancias SIEMPRE me superan. Lo reconozco.

monica -

pues ya de paso, haberte pedido una ración de gambas al ajillo...desde luego, qué poco sabes aprovechar las circunstancias...

Ella y su orgía -

Jaja, eres la bomba.
Claro, desde ese día sois ex.
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