VALE
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Creo que empezó ella:
Le retiró el saludo...
él dejó de mirarla...
entonces ella le robó el deseo...
él le destrozó el corazón...
y ella se cagó en su alma.
Así empezó todo.
Cuando ella hizo la maleta y se fue dando un portazo… cayo la Bomba H.
Él tardó un tiempo en darse cuenta, pero así fue. Alguno de esos capullos poderosos habría apretado el famoso botón rojo y… adiós raza humana... Adiós pájaros, gatos, perros, insectos, flores, plantas… Adiós a toda la vida en general.
Sólo quedaban los edificios, y los puentes, y las autopistas y los semáforos…
Y él.
Sólo.
Solo.
Al principio le hizo gracia caminar por las calles vacías. Era el puto rey del mundo. Hacía lo que quería. Pronto dejó de afeitarse. Luego dejó de lavarse y de vestirse. Dormía en cualquier sitio y comía lo que encontraba. Hasta que poco a poco fue perdiendo el sueño y las ganas de comer. Sólo vagaba y vagaba. Sin cesar. Hasta que también perdió las fuerzas y las ganas de seguir. Entonces volvió a su casa y se tumbó en la cama.
Y cuando (unos días o meses después), su corazón agotado dejó de latir... sonó el teléfono.
- Con este coche es como si entrara en la fiesta del brazo de Angelina Jolie.
- Me gustan los hombres…
- Pues del brazo de Brad Pit.
- Gordos y peludos.
Para ser un Piel Roja debes empezar a cabalgar antes de nacer.
Tu madre te parirá entre las cuatro patas de un caballo y a las pocas horas tu padre te atará a la silla y saldreis a dar tu primer paseo bajo el cielo estrellado. Entonces ya no pararás. Siendo niño dejarás de usar espuelas. Cruzando el llano, al hacerte hombre, te darás cuenta que ya no necesitas montura. Seguirás galopando, a través del viento y del tiempo, hasta perder las riendas. No importa. No las necesitas. Seguirás. Seguirás galopando hasta que desaparezcan las crines e incluso el caballo. Entonces sólo quedará el horizonte. Siempre lejano.
Pero seguirás.
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Dedicado a mi amigo Bud.
¿Los blogs? Los conozco todos.
Lloro con dolor por los tontos, los ñoños, los sosos, los flojos, los roñosos
No los soporto. Son todo protocolo, con poco rollo. Son bochornosos.
Yo opto por los otros. Por los locos, los fogosos, los rojos, los toscos. Con post cortos. Con fotos o no. Jocosos. Con morbosos potorros o con todo roto. Jodo solo o con todos. Con Los Lobos o los Doors. Toco fondo, toco Boston, Hong Kong o Toronto. O toco rock, o pop, o folk. Con morro. Con dolor.
¡Coño! ¡Yo gozo con todos!
Soñé que encontraba a Charles Bukowski bailando en la calle a la luz de la luna. Bueno..."bailando" es una forma de hablar, porque no movía los pies ni los brazos, sólo la cabeza, hacia adelante y hacia atrás. Tenía una barba sucia de 2 o 3 semanas, el pantalón meado y la camisa empapada de sudor y whisky barato. Olía a podrido. A viejo. A vómito seco. A mierda ácida. Olía como creo que deben oler los muertos.
Yo no lo miré directamente a los ojos porque nunca miro a los locos a los ojos, pero creo haber oido que dijo:
- Soy la huella dactilar de la polla de Dios en la tierra...
Entonces busqué un libro que llevaba en la mochila y se lo regalé.
Lo cogió con ambas manos.
No parecía sorprendido.
Me sonrió y se fue.
Me desperté por la noche con la boca seca. Me levanté y me dirigí a la cocina para beber un poco de agua, pero en la oscuridad debí confundirme de puerta porque de pronto me encontré en la habitación de los niños. Sin encender la luz, sigilosamente, volví hacia atrás, pero en lugar de la puerta encontré unas escaleras, subí dos pisos y me encontré en otra habitación. Vacía, sin puertas ni ventanas. Entonces volví a bajar por la escalera, que se había vuelto flexible y circular (una escalera de las que llamamos “de caracol") di vueltas y vueltas hasta que un buen rato después llegué abajo, y allí estaba por fin la puerta de mi habitación. Pero había un guardia de seguridad que no me dejaba entrar.
- Es mi habitación. - le dije - Tengo que entrar.
Pero él no respondía. Se mantenía firme, bloqueando la puerta. Esperé un rato. Intenté colarme pero el cabrón era como una mole y ocupaba todo el espacio de la puerta. Era imposible entrar. Decidí llamar a la policía, pero al buscar el teléfono encontré otra habitación vacía, hexagonal, con seis puertas iguales, elegí una y entré. Encontré otra habitación hexagonal, pero ahora con seis ventanas. Elegí una, la atravesé y me encontré en una pequeña ciudad con una pequeña plaza en el centro, también hexagonal, por supuesto. Tenía una luminosidad extraña. Suave, crepuscular… Hermosa, pero tal vez algo triste.
Allí había una persona. Era un hombre muy muy viejo. O muy muy joven. No sé. Tenía tantas pero tantas arrugas en la cara que parecía no tener ninguna. De pronto, no pregunteis porque, pero lo reconocí. Era Franz Kafka.
- Creo que estoy perdido – le dije.
Y entonces me miró y sin abrir la boca dijo:
- ¿Y quién no?
Vale.
. . . Esta vez de verdad,
de verdad de la buena.
. Juro que
pase lo que pase
y caiga quien caiga,
... nunca mais
volveré a beber.
. . .
. . .. . .
. . .
. . . . . . . . .
. . .
Salvo que sea en defensa propia, claro.
Ayer martes 27 de Septiembre de 2005 tuvo lugar la inauguración oficial del nuevo edificio del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En Madrid. Spain.
No entraré en detalles.
En la planta baja 20 o 30 personas estudiaban las pinturas siempre tangenciales del maestro Antonio Saura. Pinceladas como puñaladas, lienzos como palizas.
Otras 20 o 30 personas subían y bajaban las escaleras del nuevo edificio, intentando comprender el arte acomodaticio del arquitecto Jean Nouvel. Puertas vasculantes, ventanas perpendiculares al sol, muros transparentes.
Y en la planta sexta unas 2000 o 3000 personas se amontonaban intentando llevarse un canapé a la boca. Gente adulta, en su mayoría bien alimentada (me atrevería a decir que hasta demasiado alimentada) empujándose unos a otros por unas aceitunitas maceradas en aceite de oliva, unas virutitas de jamón pata negra, un vasito de vino o una copa de cava.
No sé porque me acordé de cuando era pequeño y volvía corriendo del cole y entraba como un huracán en mi casa:
- ¿Qué hay de comer, mamá? Tengo hambre
Y mi padre (que había vivido una guerra, y una posguerra y un exilio) me daba una hostia y me explicaba:
- Hambre no. Ganas de comer.
Ya.